Compartir tu hogar y tu vida con otra persona puede ser una experiencia maravillosa, pero también implica ceder en ciertas cosas. Gustos musicales, películas, elección de muebles, decoración, animales de compañía…y comida, ¿no?

Pero, ¿qué pasa cuando comemos de forma muy distinta a nuestra pareja?

Hoy en día, muchas personas empiezan a tomar consciencia de lo que comen. Experimentan con diferentes tipos de alimentación hasta que encuentran una forma de comer que les hace sentir mejor y que incrementa su salud. Y ello no es sólo fantástico sino también necesario, porque cada uno de nosotros es diferente, y necesita un tipo de alimentación adaptado a su naturaleza. Por ejemplo (y ahora voy a generalizar), a una persona de constitución delgada es más probable que le convenga un cocido de lentejas con verduras que una ensalada. ¿Por qué?  Los alimentos crudos tienden a enfriar y las personas de constitución delgada suelen ser más susceptibles al frío. En cambio, una persona más robusta preferirá una ensalada, especialmente en verano.

La clave, como todo en la vida, es el autoconocimiento. Conocerse para entender qué tipo de alimentación le va mejor a nuestro cuerpo. Quizás a tí no te siente bien beber en las comidas, aunque a otras personas sí. O quizás te siente mal comer un yogur de postre. Confía en tu intuición y escucha las señales de tu cuerpo. Recuerda que tú eres tu mejor consejero.

Hasta aquí bien, pero ahora llega lo complicado.

¿Y si nuestra pareja tiene necesidades nutricionales distintas a las nuestras?

Es muy probable que en algun momento de nuestra vida nos encontremos en esta situación, ya que cada uno de nosotros es único. A mi parecer, no deberíamos ignorar estas diferencias e intentar comer de la misma forma, ya que uno de los dos siempre saldría perjudicado.

Yo misma he descubierto un tipo de alimentación que me mantiene sana, feliz, y que siento que contribuye a mi bienestar físico y emocional. Consiste en comer 90% vegetales y  cereales integrales (preferiblemente cocidos, ya que soy de constitución delgada), y en dejar a un lado el alcohol, el azúcar, y la carne. Soy una gran consumidora de fruta desecada (dátiles), frutos secos, y tahin, alimentos todos super saludables y energéticos, que no recomendaría en exceso a personas con sobrepeso. En definitiva, es una alimentación adaptada a mis necesidades concretas. Quien quiera compartir su vida conmigo, tendrá que aceptarlo y entender que seguir este estilo de vida es un acto de amor hacia mí misma que sólo le puede beneficiar a largo plazo.

Entonces, ¿qué hacemos? Supongamos que mi pareja ha decidido seguir conmigo, a pesar de ser un pelín friki. Supongamos también que es un chico con tendencia al sobrepeso. Sería un error que los dos comiéramos de la misma forma. Pero también sabemos que cocinar 2 platos totalmente distintos, día tras día, es inviable… ¿no?

Lo que te propongo es que la base de cada plato sea la misma para los dos, pero teniendo en cuenta la individualidad de cada uno. Por ejemplo, podríamos preparar una ensalada de quinoa con verduras salteadas. Si una de las personas es de constitución más bien delgada, podríamos añadir un huevo y un aguacate en su plato. De esta forma no tendríamos que cocinar dos veces, pero cada uno tendría un plato adaptado a sus necesidades.

En definitiva, la solución está en preparar una “base” común: un plato que guste a los dos miembros de la pareja, y dar un toque final que permita satisfacer las necesidades individuales de cada uno. Aquí os dejo algunos ejemplos:

CONSTITUCIÓN DELGADA

(tendencia a adelgazar)

CONSTITUCIÓN ROBUSTA

(tendencia a engordar)

VEGANO

(no quiere comer productos animales)

CARNÍVORO

(quiere comer carne sí o sí)

Ensalada de quinoa con verduras salteadas + huevo y aguacate Ensalada de quinoa con verduras salteadas + germinados Ensalada de quinoa con verduras salteadas + hummus y aguacate Ensalada de quinoa con verduras salteadas + pechuga de pollo
En conclusión…

Tener una pareja con hábitos alimentarios diferentes, ya sea por razones ideológicas o de salud, es posible. Nuestra pareja nunca va a ser exactamente como nosotros querríamos, y su alimentación es una decisión consciente que debe ser respetada. Aunque las diferencias puedan ser una fuente de conflicto, también pueden convertirse en una oportunidad para el crecimiento personal y para comprender al otro.

Recuerda:  tu eres único/a. Aliméntate de la forma que más convenga a tu cuerpo, y permite que tu pareja haga lo mismo. Juntos formaréis un equipo sano y feliz. Suerte!

3 Comments

  • Elisabet

    Gracias Silvia, que buenos consejos para una alimentación sana y fácil para todos, y felices con lo que nos gusta comer..la armonía en casa también es muy importante 😊

  • Georgina

    Completamente de acuerdo! Pienso que uno no tiene que renunciar a sus hábitos ni obligar al otro a cambiar los suyos, pero que se pueden compartir las comidas si cada uno complementa sus platos como mejor le siente. Y gracias por el recordatorio, porqué a veces es fácil caer en la trampa de querer decirle al prójimo cómo comer porqué (uno cree que) es mejor para su salud, cada uno tiene su propia evolución y siempre tiene que primar el respeto y la escucha al otro.

  • Patricia

    Súper útil Silvia!!

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