¿Tu vida es como una carrera sin final?
¿Vas de obligación en obligación?
¿Te ahogas con tus propias listas de tareas?
¿Estás cansada de estar cansada?

 

Son las diez de la noche y me encuentro escribiendo una lista de cosas que quiero dejar resueltas mañana. Es una lista nueva, pero a mi alrededor hay post-its y diferentes papeles con otras listas. Miro a mi alrededor y sólo veo cosas pendientes.

En la sociedad en que vivimos, nos han enseñado a ser eficientes, productivas, resolutivas. Vivimos en una época donde el NO HACER es sinónimo de fracaso, de pérdida de tiempo. El placer se culpabiliza. Cuando nos lo pasamos bien, una voz dentro de nosotros nos dice que algo va mal, que ya está bien y que hay que volver a trabajar, a rendir. El trabajo dignifica…¿no?

Aquí un ejemplo. Una tarde, decidí mirar una película para relajarme. Hacía pocas semanas que había dejado mi trabajo para comenzar de nuevo y para tomarme un tiempo de descanso. El sentimiento de culpabilidad no tardó en aparecer. “No te mereces estar mirando una película tranquilamente en el sofá. No tienes trabajo. Eres una inútil”. Si habláramos a nuestros amigos como nos hablamos a nosotras mismas…

Vivimos en un mundo en el que la productividad es el orden del día. Ser productivo es más importante que amar, ser amado, estar presente en cada momento y disfrutar de nuestra limitada vida. No estoy diciendo que las mujeres (y hombres) tengamos que quedarnos en casa “amando”, y pasarnos la vida en la contemplación. Pero se nos ha impuesto un modelo de éxito en el que está bien visto ser fuerte, eficiente, racional, no perder el tiempo. Y así me encuentro yo desde hace años, haciendo listas de mil cosas que quiero conseguir antes de que se ponga el sol y con la frustración constante de no llegar ni a la mitad.

Las listas pueden ser nuestras aliadas pero en ocasiones nos convertimos en esclavos y olvidamos lo que realmente importa en la vida. Lo queremos todo: tener una carrera trepidante, ser buenas novias, esposas, madres e hijas, hacer la clase de baile que tanto nos gusta, estudiar, viajar…En definitiva, tener una vida de película. Y este hábito de hiperorganizarnos con las listas para conseguir objetivos a diario, acaba matando la espontaneidad en nuestra vida, convirtiéndonos en robots que van de tarea en tarea.  Personalmente, querer llegar a todo me ha llevado a olvidar lo que es más importante: el tiempo al lado de los míos y vivir. Y digo vivir, no sobrevivir.

Este estilo de vida acaba provocando en muchas personas cansancio crónico, apatía, vacío interior, y les roba de la ilusión de vivir y levantarse cada día. No hemos venido al mundo para sufrir y trabajar, sino para gozar de la vida y ser felices.

Nunca olvides que nuestro tiempo en este mundo es limitado, y que cada minuto que pasa, nuestro trayecto se acerca más al final.

¿Cómo quieres que sea tu viaje?

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